Crónica de A Place To Bury Strangers en Buenos Aires. 9 de septiembre 2025

Sorpresivamente traídos en tour por la productora Grain of Sand, con la productora local Parasónica poniéndose al hombro la fecha (y encima trayendo consigo a los peruanos Bondage) quienes fueran llamados “la banda más ruidosa de Nueva York” hizo temblar Uniclub con un despliegue de energía cruda; acá te contamos cómo se vivió esa noche tan rara.

Foto por Leo Diaz

Si no sos muy asíduo al submundo del noise rock y la música experimental, el nombre de A Place To Bury Stranger pueda no sonarte de nada, pero para quien está en tema, la primera visita a la Argentina de este proyecto encabezado por el músico Oliver Ackermann se convirtió en una cita obligatoria dado su título y lo hiperactivas que suelen ser sus presentaciones en vivo.

Noche de martes en el barrio de Balvanera, ahí nomás de uno de los centro neurálgicos y comerciales de la Ciudad de Buenos Aires. Llegamos al recinto y esperamos pacientemente que arrancara la velada, mientras ojeamos que había en la mesa de merch, dónde también estaban los pedales que el mismo Ackermann fabrica bajo su marca "Death by Audio", y mirando el escenario, vacío de personas pero decorado con televisores de tubo complementando las pantallas LED en los laterales y el fondo del escenario.

Foto por @ohfeverhead
Finalmente a eso de las 20:30, apareció sobre el escenario el primer acto de la noche: los noiseros oriundos de Perú, Bondage, al tiempo que se transmitía en todas las pantallas algunos planos distorsionados de cámaras discretamente puestas por el escenario.

Así arrancó el set de Bondage, el cual consistió en puro noise rock distorsionado y sucio dónde valía más la expresión y el muro de sonido que la compresión de la letra de su cantante ataviado con un arnés de cuero. Con su último EP “Homoplaxmosis” y con el batero Javier Aldana (de Red Catarsis) completando el cuarteto, dieron un show entretenido, aunque el sonido no les jugó a favor.

Foto por Leo Diaz

Pasados unos minutos, aparecieron los locales Motor Mutante en el escenario.
Con su nueva formación en cuarteto (incorporando una 2da percusionista) y un disco nuevo pronto a salir, arrancaron un setlist de aproximadamente media hora, frente a un recinto ya más poblado. Gozando de un sonido más claro, Motormutante empezó a calentar al público a base de su estilo que sólo podemos denominar como ‘noisepunkblues’ y se llevó sus merecidos aplausos.

Al cabo de unos minutos más, finalmente el trío proveniente de Nueva York se hizo presente en el escenario y sin más presentación arrancó el que quizás sea el show más caótico que haya pasado por Buenos Aires en este año.

Con un sonido saturadísimo y una voz llena de efecto, al punto en que se hacía difícil entender cual temas era cual, el cantante y guitarrista pelilargo empezó el show con un despliegue de energía maniática, rasgueando su instrumento y metiendo más ladrillos a esa pared de ruido sobre la que se basa la música de APTBS. A penas pasados unos minutos, Oliver sujetó su instrumento usando el mismo cable de amplificación y lo colocó entre el público para que los presenten colaboraran con su rasgueos al azar en la colosal pared de distorsión.
 
Foto por @ohfeverhead

Ahora, la arengas de Oliver y su ruido, sólo funciona porque su locura en el escenario se vio empardada por el talento y trabajo de la sección rítmica conformada por la pareja de Sandra Fedowitz (batería) y John Fedowitz (bajo). Ellos son la pieza clave que, mientras te hacen latir el corazón y las neuronas con un ritmo tan frenético como hipnótico, logran construir una base sólida sobre la cual su guitarrista puede enfocarse menos en la melodía y más en crear un atmósfera de puro caos y agitar al público malabareando con su instrumento y demás gracias que harían que cualquier académico se quisiera arrancar los pelos.

Pasados los primeros temas, la banda decidió llevar su show más cerca del público y, con ayuda de algunos fans y gente de staff, bajaron al pie del escenario un parlante, el micrófono, sus instrumentos y parte de la batería para continuar tocando, prescindiendo de la guitarra por un rato, entre medio del público, el cual entre incredulidad y excitación empezó a poguear y saltar al ritmo pulsante de dúo de batería y bajo, mientras los berreos de Oliver terminaban de crear una escena tan pintoresca como salvaje.

Foto por @ohfeverhead
 Luego de este íntima porción del show, la banda volvió a subir a las tablas, nuevamente conectó la viola y empezó una sección donde de hecho las canciones se diferenciaban entre sí y Oliver mostró que no sólo sabe arengar, sino que tocaron algunos temas donde además de cubrir la cuota de ruido, la guitarra sonó más melódica de lo había sonado en toda la jornada… eso fue hasta que al guitarrista se le ocurrió usar una luz estroboscópica del escenario como púa, luego de lo cual la baterista reposicionó parte de su instrumento bien al frente del escenario para seguir dándole a los parches mientras la luz parpadeante de
antes ya en el suelo iluminaba su silueta de manera entre mesiánica y fantasmagórica.
El show llegaba casi a su final cuando Ackermann estampó su instrumento contra el escenario, partiendo el cuerpo del mismo en dos; lo cual no impidió que el guitarrista utilizase el remanente para cerrar el último tema de la noche a puro acople y distorsión.


Foto por @ohfeverhead

Así terminó unos de los conciertos más raros y enérgicos que se hayan celebrado este año en Buenos Aires; defendiendo su título y dejando claro que aunque los conciertos de APTBS no serán un despliegue de precisión y técnica impecable, pero ofrecen unas potencia y entropía sin cortar en forma de noise rock que sólo una banda como ellos puede ofrecer.




Comentarios