UN ENCONTRONAZO ENTRE IRONÍA Y FEROCIDAD
Este año, algunas bandas de la variopinta escena del rock japones llegaron por primera vez a suelo argentino; entre ese puñado de visitas niponas estuvo el cuarteto Otoboke Beaver, gracias en parte a la organización del Primavera Sound (cuyo festival no se realizó en 2025 pero sí trajeron algunas bandas a nuestro país).
Teniendo eso en cuenta y gracias a un 2x1 que nos permitió costearnos las entrada, el pasado 6 de noviembre nos apersonamos en el Niceto Club para presenciar lo que fue un despliegue de locura y energía sin concesiones.
Abriendo la noche, tocaron Las Tussi, cierto trío marplatense que ya se ha ganado un lugar en la escena independiente a base de un punk rock infeccioso que ha ido evolucionando y adquiriendo elementos del rock pesado y el noise rock. Muchos de los presentes ya las conocían y entre vitoreos y pogo tocaron un set corto pero efectivo con sus temas ya conocidos y algún que otro tema nuevo incluído en su último disco "El Álbum Rosa". Vinieron, defendieron los trapos de punk rock local y se fueron con sus merecidos aplausos.
Unos 20 o 30 minutos más tarde, unas pocas palabras de la cantante principal Accorinrin dieron comienzo la vorágine sónica de Otoboko Beaver.
Durante la siguiente hora y veinte, las niponas dieron un show contundente como pocos se han visto este año. Durante la primera mitad, tocaron tema tras tema casi al hilo apenas interrumpidos por algunas pocas palabras, con su cantante y frontwoman disparando cada palabra con una actitud apabullante y implícitamente (y en c
ierto momento explícitamente) mandando al carajo a cualquiera que se le pusiera en frente.
ierto momento explícitamente) mandando al carajo a cualquiera que se le pusiera en frente.
Ese aire intimidante contrastaba con la actitud más cómica y jodona de Yoyoyoshie, su guitarrista, segunda voz y segunda figura principal del show gracias a no sólo una ejecución excelente en su instrumento, sino también a los arrebatos de energía y humor que se despachó a lo largo el concierto (siendo en sus comentarios entre temas dónde mas se notaba la influencia del Manzai).
Por su parte, Hirochan (bajista) y Kahokiss (baterista), aunque de perfil algo más bajo, fueron el sólido esqueleto rítmico sobre el cual sus compañeras podían dar dar rienda suelta a toda la energía que tuvo al público porteño comiendo de su mano.
Así, entre ritmos frenéticos, comentarios sobre la plata (con la frase "dame dinero" en un español medio roto) y comparaciones idiomáticas entre nuestros idiomas, mucha
arenga, pogos descontrolados, algún que otro momento donde
Accorinrin le paró los pies a los gritos del público para poder seguir la siguiente canción y un momento bizarro en dónde Yoyoyoshie surfeó sobre el público encima de un salvavidas gigante con forma de castor, las Otoboke se tocaron más de 20 temas incluyendo algunos de sus hitzasos como "I'm not maternal", "Yakitori", "Love is Short" y "Pardon?" para luego dejar el escenario momentáneamente.
Volvieron a pedido del público para tocar un bis, se sacaron una foto con Las Tussi en el escenario y volvieron a irse... para luego volver, tocar un último tema y volver a irse junto al cierre del telón.
Nos comimos el amague; el telón volvió a abrirse y soltaron una última bomba musical de menos de un minuto, para finalmente despedirse con un "thank you!" y un 'mic drop'.
Ahora sí, ahí terminó el paso de esta escuadrón de artillería punkrockera japonés frente a un público que, a pesar de la barrera idiomática, en general se sabía la letra de la mitad de las canciones, y salió del recinto palermitano con la percepción de la realidad alterado.
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